sábado, 31 de octubre de 2015

No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa…
*Martha Rivera Garrido, poeta dominicana

viernes, 30 de octubre de 2015

¿Esto como se llama.?

como se le llama a eso que sientes sin querer,cuando vas por ahí y una presencia que no buscabas te marca inocentemente ,como se le llama?
y se de repente todo lo que tengo ya no es mio y toco tu rostro con suaves pensamientos  pero tu no lo sabes ...como le llamo ?  si por casualidad me hablas porque necesitas alguna dirección o aclarar una duda y tiras tres o cuatro palabras a  lo sumo yo siento que mi cuerpo se estremece  .Mi boca no suelta palabras  mientras tu me miras como un extraño sin cordura , pues  ahí estoy yo sintiendo cosas , cosas que no se como nombrarlas  . Como ponerle a ese deseo que siento de verte todos los días ? - Ahora bien ,si tu me miras de tal manera que yo pueda olvidar que el tiempo existe y me detenga en este mismo punto de la vida en que estas  , te juro que lo llamo "Amor".

lunes, 26 de octubre de 2015

Hay personas mágicas, te lo juro. Las he visto. Se encuentran escondidas por los rincones del planeta. Disfrazadas de normales. Disimular es su especialidad. Procurando comportarse como los demás. Por eso, a veces, es tan difícil encontrarlas, pero cuando las descubres ya no hay marcha atrás. No puedes deshacerte de su recuerdo. No se lo digas a nadie, pero dicen que su magia es tan fuerte, que si te toca una vez, te atrapa para siempre.
"Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me vas a hacer daño. Por supuesto que nos haremos daño. Pero esta es la condición misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo de ser invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de ausencia."
-Antoine de Saint-Exupéry

martes, 20 de octubre de 2015



En la década de los sesenta Julio y Alejandra se conocieron, en París. Ambos, como escribiría el novelista «andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos». Fruto de la amistad que les unía y de las inquietudes que compartían, un buen día Alejandra le dijo: la Maga soy yo. Solo soy un mero narrador y observador de la vida, por eso no les contaré más de esta historia de auténticos héroes de carne y hueso. Y no lo haré porque entiendo poco del querer, respiro inmadurez y, además, no soy yo quien debe hacerles sentir, sino ustedes los que deben sentirse sentidos. Así me despido, no sin antes hacerles entrega de una de las últimas cartas que Julio envió a Alejandra. Un año más tarde, la gran poeta argentina se quitaría la vida ingiriendo cincuenta pastillas de un barbitúrico. Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés,
lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Solo te acepto viva, solo te quiero Alejandra. Escríbeme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo. Julio.» París, 9 de septiembre de 1971